jueves, 21 de enero de 2016

Las luces de septiembre (Reseña 7)





Autor: Carlos Ruiz Zafón
Otras obras: Marina, La sombra del viento, El juego del angel etc
Editorial y fecha: Edebé 1998 // Planeta 2008
Tamién podeis encontrar el libro con toda la trilogía: El príncipe de la niebla y El palacio de la medianoche.
Páginas: 280

Resumen: 
Un misterioso fabricante de juguetes que vive recluido en una gigantesca mansión poblada por seres mecánicos y sombras del pasado... Un enigma en torno a extrañas luces que brillan entre la niebla que rodea el islote del faro. Una criatura de pesadilla que se oculta en lo más profundo del bosque... Estos y otros elementos t ejen la trama del misterio que unirá a Irene e Ismael para siempre durante un mágico verano en Bahía Azul. Un misterio que los llevará a vivir la más emocionante de las aventuras en un laberíntico de luces y sombras.

Mi reseña:
Este libro lo acabé ayer por la noche y no he podido resistirme a hacer hoy mismo la reseña. Desde que mi pareja me regalo hace un tiempo “Marina” de mismo autor, me gustó mucho su forma de escribir. Ahora, por segunda vez, con Las luces de septiembre, me ha hecho contener el aliento de nuevo y volar a través de sus páginas sin descanso hasta conocer el final.

Cómo supongo que habréis leído en otras entradas, me encantan los libros que tienen elementos mágicos sin que esos mismos sean el eje principal de la obra. Al igual que Marina, Las Luces de Septiembre es una obra amena, con ciertos toques de misterio y alguna pequeña historia de amor.

También me gusta de este autor y sus obras el hecho de que las historias se mezclen y al final no se sepa que está pasando y que va a pasar. Hay momentos de la novela en los que simplemente no se sabe qué está pasando por eso no tiene explicación alguna.

Como siempre, el final está teñido de un tono tierno y los momentos de la obra que no están redeados de un aura de misterio, rebosan ternura y anhelo.

Os aconsejo leer este libro ya que creo y espero, que os gustará a todos.

Frases del libro:
-          Ismael sintió que Irene aferraba su mano. El velero atronaba como si apenas tocara el agua. Una estela de espuma lanca dibujaba guirnaldas a su paso. Irene miró a Ismael y advirtió que él la contemplaba a su vez. Por un instante, sus ojos se perdieron en los de ella e Irene sintió que el muchacho apretaba suavemente su mano. El mundo nunca había estado tan lejos.

        
    Una profunda amistad. Un puente invisible se alzó entre dos mundos que se sabían separados por océanos de recuerdos.


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